Diferenciar entre los homínidos y los seres humanos es como tratar de diferenciar los anfibios de las ranas. Es decir, nos encontramos frente a un género y su especie, una familia y sus miembros. Los homínidos (Hominidae) son una familia de primates hominoideos, que incluye al hombre y sus parientes cercanos: orangutanes, gorilas, chimpancés y bonobos.
Si seguimos la teoría de Darwin, y creemos en la evolución y la selección natural, entonces debemos comprender que los seres humanos en un inicio no éramos como somos hoy en día. Según esta tesis, literalmente evolucionamos del mono, y esto fue lo que chocó con muchas personas de la época del científico Darwin, ya que no concebían que los compararan con monos. Los primates son una familia, que como Darwin demuestra, tienen sus rasgos semejantes que las hacen pertenecer a las mismas familias, pero también son diferentes especies porque cada una guarda sus propias particularidades. Pero lo que sí es certero y comprobado de muchas formas, la generación espontánea no existe, por ejemplo, de un tarro con carne no se puede crear moscas de la nada, como muchos creen, sino que las moscas son atraídas por la carne y ahí depositan sus huevos que luego nacen y se alimentan de la misma carne. Entonces los seres humanos, así como los otros primates como los orangutanes y los chimpancés descendemos de un mismo antepasado y tenemos cosas en común, así como cosas que nos singularizan.
Homínidos somos todos los seres humanos actuales y todos los fósiles de nuestra propia línea evolutiva, desde que se produjo la separación con la línea del chimpancé, es decir, todas las especies que caminaron de forma erguida. Como puede verse hay todavía interrogantes y lagunas que poco a poco se irán rellenando gracias a la paciencia, tesón y a la fortuna a la hora de encontrar algún resto que de más información.
En general, los seres humanos son homínidos, ya que es como se llama nuestra familia, a la cual no solo pertenecemos nosotros sino también otra gran cantidad de especies, unas ya extintas, otras aún caminando en la Tierra. Lo que es importante destacar es que no podemos olvidar nuestras raíces, que es que provenimos de animales, somos animales, somos primos de animales, y como tales somos seres con instintos. Pero también recordar que una de nuestras principales diferencias con el resto de animales de nuestra familia, así como del resto de animales, es nuestro raciocinio y nuestro libre albedrío, y es algo propio de cada utilizar esa racionalidad para el provecho de las personas y de los demás seres vivos, o al contrario, desperdiciarlo en dañar al mundo y a la sociedad, y finalmente a nosotros mismos.